Fotos de negativos

Una de las cosas que uno siempre quiere hacer cuando saca fotos es mirar cómo quedaron. Actualmente estamos muy acostumbrados a que toda cámara sea una Polaroid, que nos muestre en seguida el resultado de nuestra exposición. Si bien la aventura de volver a usar una cámara analógica me está resultando enriquecedora y muy divertida, exige una mayor paciencia.
El rollo puede pasar varios días cargado en la cámara sin darnos pistas. Hay que aguantar la intriga. Cuando se acaba podemos revelar la tira de película y saber si las fotos que quisimos sacar salieron o no.
Pero la cosa no termina ahí. Lo que vemos es una impresión en negativo de la foto y al principio es muy difícil saber si una toma está bien expuesta mirando las luces al revés. Además el negativo es pequeño y no nos da el ojo para los detalles.
Antiguamente uno hubiera tenido que ampliar las tomas en papel usando una ampliadora. Vale la pena hacer el ejercicio pero no todas las fotos ameritan una ampliación (hoy no imprimimos todas las fotos que sacamos). Además el papel químico no es tan barato y lleva un tiempo acomodar bateas o químicos en una habitación.

La opción es digitalizar e invertir los negativos. Así podremos ver las fotos y decidir cuáles ampliar posteriormente y nos permitirá compartirlas con amigos y familiares a través de la red. Existen dispositivos específicos para realizar esta tarea pero a veces uno no quiere invertir en ellos o no tiene lugar para guardarlos.
Es posible fotografiar los negativos con una cámara digital para después invertirlos en la computadora. Claro que para que queden bien es necesario evitar reflejos y luces extrañas. La solución es fotografiar el negativo a través de un tubo con un orificio rectangular en un extremo.
Suena fácil y lo es, aunque para que invertir y recortar los archivos no resulte lo más tedioso del mundo conviene que el tubo y la cámara no se muevan durante el proceso. Yo utilizo Image Magick para recortar e invertir las imágenes por paquete. Después termino de alinearlas y encuadrarlas una a una. Esta es la parte más molesta del proceso y me traía muchas complicaciones con el primer tubo que usé (era cilíndrico y no estaba fijo a la cámara).

A fines de abril construí una caja a medida con foamcore (material firme y muy liviano). La diseñé para que quede fija a la cámara y el trípode. También para tener acceso a todos los botones de la cámara. El largo de la caja es la mínima distancia focal que admite el lente que tengo a disposición.
En la punta, además de la ventana rectangular, coloqué un marco para sostener la tira de película. Adentro de la caja ubiqué un cilindro de cartulina negra para evitar la luz que pudiera filtrarse por las uniones de las paredes de la caja.
El resultado es muy bueno. Pude realizar un recorte mucho más preciso por línea de comandos y el trabajo posterior fue mucho menor. Con este método y una cámara digital de 24 megapixeles obtengo imágenes de aproximadamente 3000 x 2000 pixeles (unos 6 MP).