Para aprender III

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Aquí Israel De Alba decidió prescindir del color.

La luz es la porción de la radiación electromagnética que puede ser percibida por el ojo humano. Para reconocer una escena evaluamos sobre todo 2 cosas: la cantidad de esa radiación en cada zona (o qué capacidad de reflexión tienen los distintos objetos) y la longitud de onda (el color) que nos alcanza.
Trabajando en blanco y negro podemos quedarnos solamente con las cantidades. ¿Y por qué lo haríamos? ¿Acaso poder sacar fotos a color no es genial? Es que las fotografías que nos encantan muchas veces no nos cautivan por ser realistas y representar correctamente la luz y los colores.

De hecho las cámaras digitales no pueden competir con el ojo humano en términos de rango dinámico. A todos nos pasa que al fotografiar al mediodía un paisaje increíbleno podemos fotografiarlo como está. O el cielo sale bien y las sombras oscurísimas o exponemos bien las sombras y perdemos las nubes.
Pero sí podemos manipular el color y pintar de rojos exagerados los cielos de los atardeceres o jugar con el balance de blancos y cambiar toda la paleta de colores. Sin embargo a veces el color no es necesario. A veces alcanza con conocer cuánta luz refleja cada rincón de una escena.

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En este Koen Jacobs se concentra en el movimiento.
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Creo que Inés María hace bien en descartar el color acá.